Yo veré a Dios

Si el nombre de la calle de Chandra* reflejara lo que ha sido la mayor parte de su vida sería llamada Círculo Desesperado. Su padre murió cuando ella era joven y él fue la única persona que realmente la entendió y amó. Antes de entrar a la universidad, fue brutalmente violada en el camino del trabajo a su casa—un asalto que le dejó cicatrices y devaluada. Se casó con un hombre que le prometió cuidarla pero nunca fue una unión de amor. Él se volvió alcohólico, la engañó y abusó de ella verbalmente y de los tres hijos que concibió. Eventualmente, batallando un terrible dolor, sucumbió ante un cáncer en el cerebro e hígado, dejándola con una deuda de miles de dólares en tarjetas de crédito y sin ningún ingreso.

La espalda de Chandra está lesionada de por vida producto de accidentes automovilísticos y de años de cargar a su hija paralizada en un accidente de trampolín. Sin empleo y frustrada por migrañas-inducidas por desmayos, depresión, infecciones intestinales y ataques de pánico, toma una batería de medicamentos y fuma para aliviar su ansiedad.

Por lo escrito puede que pienses que Chandra debe ser una persona muy mala para cosechar tanta miseria. Pero la verdad es que ella ama a Dios, trata a las personas con la mayor amabilidad y tiene un sentido del humor saludable. Salomón escribió, “En la tierra suceden cosas absurdas, pues hay hombres justos a quienes les va como si fueran malvados, y hay malvados a quienes les va como si fueran justos. ¡Y yo digo que también esto es absurdo! (Eclesiastés 8:14). Chandra no teme admitir que a veces se pregunta qué hizo para que Dios esté tan molesto con ella. Ella tiene problemas para aceptar que Él realmente la ame. Ella cuestiona para qué vale la pena vivir. Sin embargo, exprimido por las manos de lo absurdo, alza su voz junto a la de aquel anciano a quien Dios permitió que Satanás disparara para ver si abandonaría su fe. Ella proclama con Job:

 

MEDITACIÓN EN JOB 19:25-27

Job 19:25-27—Yo sé que mi Redentor vive, y que al final triunfará sobre la muerte. Y cuando mi piel haya sido destruida, todavía veré a Dios con mis propios ojos. Yo mismo espero verlo; espero ser yo quien lo vea, y no otro. ¡Este anhelo me consume las entrañas!

Aún en el hoyo más profundo con todos sus hijos muertos, su cuerpo golpeado por el dolor y las voces incriminatorias de sus amigos, Job no renunciaría a Aquel a quien amaba y seguía. Claro, flaqueó y dijo cosas de las que después se arrepintió. ¿Quién no? Como Chandra, él sufrió mucho, clamó en medio del dolor y la confusión, pero al final Su Padre lo cuidó.

Chandra sabe que ella verá al Señor. Él es su esperanza y por encima de una vida deshecha ella se pega a Él. Ella recuerda las veces que Él la sustentó, la calmó, respondió a sus clamores y le susurró consuelo. Escuchamos informes absurdos de niños cristianos decapitados por fanáticos islámicos—ellos verán a Dios. Escuchamos de mujeres cristianas que fueron tomadas por la fuerza por sus esposos siendo masacradas—ellas verán a Dios. Si el mundo parece de cabeza no te rindas ni concluyas que su Creador se ausentó y no tiene cuidado, ni que se ha ido permanentemente. Es fácil confiar en Él cuando se forma parte del equipo ganador que sostiene la copa pero la mayor parte de la vida consiste en rasparse en el campo, anotar y caer. Ese es el lugar donde la fe es más poderosa. ¡Yo veré a Dios! Esas cuatro palabras son la trompeta de esperanza del creyente. Repítelas y vive.

*No es un nombre real

 

©2014 Daniel York  ARR. Reveracción es el devocional semanal de First Cause. Si quieres recibir estos devocionales envía tu nombre y correo electrónico a dan@firstcause.org y pide ser incluido en la lista de distribución. Permiso para copiar este devocional ilimitadamente sin alterar el texto o beneficiarse económicamente con la única condición de incluir este permiso.

 

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