Pon un guarda en mi boca

Mi equipo me reportó a las 3:30p.m. A las 5:00p.m. yo debía reportar a mi jefe y la diapositiva clave del resumen operacional que me presentaron era horrible. Las palabras que describían nuestro progreso no eran claras y habían demasiados acrónimos confusos. Lo que se suponía debía ser un mapa claro de la ubicación del desastre en nuestro ejercicio, mostrando el nivel de destrucción de una hipotética bomba, era simplemente una gran mancha marrón. Cada unidad subordinada que me había reportado había presentado mejores gráficos describiendo carreteras, ciudades e información clave. Pero yo no podía usar sus trabajos porque para cuando todas las unidades hubiesen terminado de hablar no habría suficiente tiempo para que el personal intercambiase contenidos. Yo estaba echando humo por dentro. Esta era nuestra primera oportunidad de dar una buena impresión en nuestro cuartel general y nuestra única diapositiva no era profesional.

Yo podía culpar a los que hicieron un trabajo tan descuidado, pero eso hubiera demostrado un liderazgo pobre de mi parte—por último yo era el responsable. Por la razón que fuera, eligieron un producto que ellos mismos reconocían era deficiente. Estábamos entrampados y yo tenía que sacar lo mejor de un material terrible.

 

MEDITACIÓN DEL SALMO 141:3

Salmo 141:3—Señor, ponme en la boca un centinela; un guardia a la puerta de mis labios.

Mis líderes eran conscientes después de reprenderme que mi equipo había dejado mal a nuestra organización. Por dentro yo podía pensar en muchas cosas negativas que decirles a estos hombres que podrían haberlo hecho mejor. Pero si yo permitía que palabras duras salieran de mi boca y sobredimensionaba la situación el daño que crearía iba a exceder con creces el error cometido. Tenía que recordar Proverbios 16:32—“Más vale ser paciente que valiente; más vale dominarse a sí mismo que conquistar ciudades.” Recordé el viejo adagio, “No es bueno patear a un caballo muerto” Más allá, escupir ira no iba a remediar lo que ya estaba hecho. Más adelante, cuando el líder ofensor pidió disculpas, pude explicarle calmadamente, lo mejor que pude, por qué necesitábamos mejorar y me mordí la lengua en vez de escupirle. Entonces sucedió algo asombroso.

Mi jefe no nos recibió el reporte. Un oficial de menor rango entró a tallar y cuando asumí el hecho de que nuestros gráficos eran mediocres, no me dijo nada. Le prometí que lo haríamos mejor y salimos adelante sin daño aparente. Aliviado, mi equipo operacional me aseguró que nunca más me dejarían mal parado. Mejoramos y por dentro yo estaba agradecido por la ayuda de Dios al guardar mi boca. Perdona, olvida y sigue adelante. Fue mejor dejar la puerta de mis labios cerrada que abrirla incesantemente dejando que la impaciencia, la ira y la frustración hagan su trabajo sucio. “Cala más un regaño en el hombre prudente que cien latigazos en el obstinado.” (Pr. 17:10).

 

INSPIRACIÓN DE RICHARD J. FOSTER

Disciplínate para que tus palabras sean pocas y profundas. Sé conocido como una persona que tiene algo que decir cuando habla.—Richard J. Foster en Celebration of Discipline (Celebración de Disciplina)

 

©2014 Daniel York  ARR. Reveracción es el devocional semanal de First Cause. Si quieres recibir estos devocionales envía tu nombre y correo electrónico a dan@firstcause.org y pide ser incluido en la lista de distribución. Permiso para copiar este devocional ilimitadamente sin alterar el texto o beneficiarse económicamente con la única condición de incluir este permiso.

 

Eclesiastés 12:10 – El Maestro se esmeró por encontrar las palabras correctas para expresar las verdades con claridad. (NTV)