No lo fuerces

Kinsasa es una ciudad de 9.5 millones de personas (la tercera ciudad más grande de África) localizada en los bancos del poderoso río Congo. Mientras nuestro avión descendía para aterrizar en el aeropuerto, esta ciudad de 9.965 m2 parecía interminable. [1] Les y yo descendimos del avión e iniciamos el proceso de aduanas pero cuando nos disponíamos a recoger nuestras maletas fuimos detenidos y nos pidieron mostrar nuestro registro de vacunas. Les tenía el suyo así que siguió adelante. Yo no había traído el mío así que me llevaron a una línea con otras personas en el mismo aprieto. Cuando llegó mi turno el médico a cargo me preguntó por qué yo no tenía mi record así que le expliqué la razón y él me dijo que tendría que pagar una multa de $60. No solo me pareció excesivo sino ridículo ya que yo había enviado todo por correo al Consulado de la República Democrática del Congo como parte del proceso para obtener mi visa.

Le dije al oficial que no pagaría $60. Él me miró por un momento y luego escribió la suma de $60, lo tachó y debajo escribió $20. Inmediatamente entendí lo que estaba pasando—él esperaba que yo le pagase. Protesté pero no quería iniciar una discusión. Con una sonrisa en mi rostro, le extendí un billete de veinte dólares. Inmediatamente el hombre se corrigió y dijo que el pago era de $30.

MEDITACIÓN EN ISAÍAS 33:2

Is. 33:2—Señor, ten compasión de nosotros; pues en ti esperamos. Sé nuestra fortaleza cada mañana, nuestra salvación en tiempo de angustia.

Fácilmente pude haberme rehusado a pagar lo que de hecho era una coima. Sin embargo en mi espíritu sentí que debía cooperar con aquel oficial. Oficiales militares de mayor rango esperaban para escoltarme pero no sabían de mi apuro y por ello no entraron a buscarme más allá de la puerta de seguridad como si sucedería luego en Uganda. Sin embargo, aquel pequeño episodio sirvió para conectarme con las personas en diferentes ocasiones como alguien que podía relacionarse con sus frustraciones por la corrupción.

Después de escuchar mi historia, uno de nuestros anfitriones en el Congo me compartió la palabra malembe “Lingala” que simplemente significa, “No lo fuerces—deja que Dios actúe.” ¡Qué grandiosa palabra! Frecuentemente podemos ser tentados a  forzar las cosas para que se den a nuestra manera porque insistimos en estar en lo correcto. Sin embargo, al tomar las situaciones en nuestras manos podemos perdernos la solución de Dios. Henry y Richard Blackaby escribieron, “Cuando Dios dirige una vida para Sus propósitos, toda la vida es una escuela.” [2] Stuart Briscoe escribió, “La voluntad de Dios no es una cuerda floja. La voluntad de Dios es una autopista de 12 carriles. Él te tiene a ti y a mi en cierta dirección, y la variedad de posibilidades es ilimitada.” [3]

Los problemas son un gran probador de nuestra fe. No fuerces soluciones como tu propio Salvador. Deja que Dios guíe y aprende de Su guía. ¡Malembe!

[1] http://es.wikipedia.org/wiki/Kinsasa

[2] Henry & Richard Blackaby en Spiritual Leadership (Liderazgo Espiritual)

[3] Stuart Briscoe en Spiritual Stamina (Vigor Espiritual)

 

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