La reconciliación

Ricardo jugaba en mi liga del fútbol hace muchos años. Yo no lo había visto desde hace unos cinco años. Así que me sorprendió el domingo en que recibí una llamada del funerario informándome de que él había muerto y que me había designado como el ministro.

 

Cinco días después empecé su servicio funeral con compartir el Salmo 139 y el hecho de que Dios conoció a Ricardo y que lo había creado cariñosamente y había deseado tener una relación con él. No pude dar ningún ánimo respeto a su situación eterna ni pude aliviar los temores secretos de ellos que pensaban en su destino. Pero compartí el evangelio y la necesidad poderosa de que cada persona conociera a Cristo Jesús, el único capaz de perdonarnos de nuestros pecados y proveernos la vida eterna. Mis comentarios fueron un contraste distinto de lo demás del servicio.

 

Más de uno de los amigos y la familia de Ricardo hablaron del humor de Ricardo, su habilidad como artista, y su amor para la vida. No había ninguna mención de las cosas espirituales. Su humor vulgar se hizo el himno en un intento fútil de mitigar la pesadumbre entre un mar de sufrimiento. Salí de ese lugar muy triste por ver tanta gente buscando la paz en todos los lugares equivocados.

 

Hoy en ese Día Nacional de la Oración, yo me paraba al lado del sepulcro de Ricardo y oraba por la familia y los amigos juntados en ese cementerio. Sentí que el Espíritu Santo insistía que yo hiciera algo que nunca había hecho durante un servicio funeral. Invité a cualquiera que tenía dolor que viniera y que se sentara en una de las nueve sillas vacantes cerca del ataúd plateado, para que yo orara por ellos. Cada silla se llenó rápidamente. Entonces invité a ellos que quedaban de pie que vinieran y pusieran sus manos en los sentados y que se pusieran de acuerdo conmigo mientras yo orara. Fueron algunos momentos conmovedores. Salí de ese lugar animado por el hecho de que las personas heridas reconocieron su necesidad de Dios públicamente. El sentido de ser inadecuado que me había molestado el corazón la semana anterior fue reemplazado con un sentido de gratitud que Dios me había dado otra oportunidad de compartir su amor.

 

Esa noche muchas congregaciones en nuestra ciudad fueron invitadas para reunirse para la oración. Pero no había ninguna muchedumbre. Un pequeño grupo de unas treinta personas, la mayoría pastores, vino para orar. Alguien notó que el último episodio de Friends en la televisión había atraído a mucha gente. La oración es trabajo y parece que unos pocos de los hijos de Dios están interesados en venir ante Él, a pesar de la realidad que nuestra nación está dividida con una hostilidad aumentando—moralmente y políticamente. Temo que Ricardo esté enterrado en una tierra que huele más a la tierra de Sodoma que al suelo que nuestros antepasados trabajaban hace siglos cuando temían a Dios. Estoy afligido por la profundidad de la necesidad de que nuestra nación se reconcilie con Dios. Me convicta mi propia falta de la oración y la necesidad de un sentido de urgencia más grande para la salvación de mis amigos que no son creyentes. Así que, favor de escucharme mientras comparto lo que yo creo tiene que ocurrir en nuestras vidas si realmente queremos ver nuestra nación volver a Dios.

 

Los siete componentes claves a la reconciliación

  1. La reverencia piadosa—“Por tanto, como sabemos lo que es temer al Señor, tratamos de persuadir a todos, aunque para Dios es evidente lo que somos, y espero que también lo sea para la conciencia de ustedes…”(2 Corintios 5:11,18). Proverbios nos enseña que el temer al Señor es el principio de la sabiduría. La reconciliación con Dios siempre empieza de una fundación de respeto hacia Él. Cuando tememos a Dios, entendemos su corazón hacia los demás.
  2. La humildad—5:12. Los cristianos orgullosos sienten muy poca necesidad de asociarse con los demás e impiden a los que no son creyentes. Los hijos humildes de Dios atraen a los perdidos a Él.
  3. El amor de Cristo—5:14. Jesucristo murió para llevar la gente a sí mismo. Lo que dio el incentivo a su sacrificio fue el amor. Si no amamos a las personas, ¿cómo pueden ver a Cristo en nosotros?
  4. La abnegación—5:15. A menos que negamos los deseos de nuestra carne y obedecemos la voluntad de Dios para nuestras vidas, no podemos ser eficaces en ayudar a las personas encontrar a Dios. Cristo no vino para llevar una corona terrenal. Servía a su Padre. En igual manera, ¡debemos servirle a Él!
  5. El discernimiento espiritual—5:16. Si decidimos a quien aceptamos y ayudamos según los estándares de este mundo, fracasamos porque este mundo no sabe ver el corazón—sólo Dios ve dentro de nosotros, así que necesitamos discernir la dirección de su Espíritu.
  6. La aceptación—5:19. Si Dios no tiene en cuenta los pecados de los hombres, sino les ofrece la gracia por Jesucristo, ¿quiénes somos nosotros para excluir a las personas para juzgarlas? La reconciliación requiere la gracia.
  7. La aplicación de nuestro llamamiento—“Todo esto proviene de Dios, quien por medio de Cristo nos reconcilió consigo mismo y nos dio el ministerio de la reconciliación… Así que somos embajadores de Cristo, como si Dios los exhortara a ustedes por medio de nosotros: “En nombre de Cristo les rogamos que se reconcilien con Dios.” Al que no cometió pecado alguno, por nosotros Dios lo trató como pecador, para que en él recibiéramos la justicia de Dios” (5:18,20,21).

 

El diablo guía nuestro mundo; no lo guía hacia el cielo, pero el mundo todavía está desesperado por saber la verdad. Dios nos ha llamado a sí mismo no para que pudiéramos irnos felizmente al cielo sin preocupación para los perdidos. ¿Estás dispuesto ser un ministro de la reconciliación? Algo para pensar…en reverencia.

 

©2004 Daniel York ARRReveration es el ministerio devocional de cada semana de First Cause. Si quisiera recibir las devociones, haga clic al botón arriba “recibir.” Será libre de reproducir y distribuir las devociones como quisiera con tal de que incluya esta noticia de los derechos de copyright.

 

Salmos 40:3 Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios.Verán esto muchos, y temerán, y confiarán en Jehová.