El crecimiento

La primavera es una ilustración espiritual tremenda. Al otro lado de mi ventana los brotes florecen. La hierba crece rápidamente cada día, pero no compara al crecimiento de las hierbas malas. El invierno se acabó. La carrera de las plantas ha empezado y Dios, que consideró que la creación era buena, todavía cuida.

 

Meditación

Colosenses 1:9,10—Por eso, desde el día en que lo supimos no hemos dejado de orar por ustedes. Pedimos que Dios les haga conocer plenamente su voluntad con toda sabiduría y compresión espiritual, para que vivan de manera digna del Señor, agradándole en todo. Esto implica dar fruto en toda buena obra,crecer en el conocimiento de Dios. (NVI)

 

Sería bueno si pudiéramos mantener la primavera espiritual, ¿no? Hay algunas grandes lecciones que podemos aprender con respecto al crecimiento. Primero, como plantas, debemos saber que Dios es Él que nos permite crecer. No podemos crecer por nuestra propia esfuerza ni por el estímulo de los demás. Dios perfectamente hace planes para el sol y la lluvia y la temperatura  para facilitar el crecimiento de las plantas. Los lirios no crecen por si mismos ni por escuchar los ánimos de las piedras. El apóstol Pablo nos recuerda “Así que no cuenta ni el que siembra ni el que riega, sino sólo Dios, quien es el que hace crecer” (1 Corintios 3:7). Si queremos crecer, debemos escuchar y seguir la instrucción y dirección de Dios. Él nos provee su Palabra y su Espíritu para alimentarnos, identificar las amenazas, protegernos de los ataques e instruirnos en evitar el mal.

 

Agrostologistas (los que estudian la hierba) reconocen que hay que destruir la hierba mala o la hierba no puede florecer. Si queremos crecer espiritualmente, tenemos que identificar y arrancar las hierbas malas que toman el lugar de Jesús en nuestros corazones. Las hierbas malas representan el estar ocupado. Lo que constantemente nos impide de pasar tiempo con el Señor en la oración y el estudio de la Biblia prohíbe nuestra habilidad de crecer.

 

Si las hierbas malas representan el estar ocupado, los topos deben de ser nuestros enemigos. Los topos marcan el césped con volcanes en miniatura. He encontrado una manera segura de librarme de ellos. Uso una manga para descubrir sus hoyos en el lodo y rocío los excrementos de los perros en sus túneles. Supongo que no les gusta el aroma y dejan mi césped y van en busca de otro lugar para cavar. Hay muchas personas que estarían felices si nosotros abandonáramos a Dios. Hablan con desprecio de las convicciones, destruyen el carácter y nos tientan con diferentes pecados. Dios nos llama a evitar tales personas. Si queremos crecer tenemos que ponernos el aroma de Cristo. A ellos que no quieren nada que ver con Dios, Cristo huele mal. Pero a nosotros que tenemos hambre espiritual, Él es el olor de la vida (2Cor. 2:14-16).

 

He escrito dos libros sobre el crecimiento espiritual porque es vitalmente importante. Si usted me manda una nota pidiendo I Keep Asking (Sigo pidiendo) yI Pray Also (Oro también) acompañada con una donativo a First Cause para ayudarnos cubrir los gastos de imprimir y de enviar por correo, alegremente le mandaré estos libros. Creo que los encontrará de mucha ayuda y le van a animar mucho. No hay emoción más grande que caminar con nuestro Padre Celestial; no hay gozo más grande que desarrollar un amor más profundo para Él. ¡Algo para pensar…en reverencia!

 

Inspiración

Crecemos espiritualmente por obedecer a Dios por las palabras de Jesús que se hacen espíritu y vida para nosotros y por prestar atención a dónde estamos, no a si crecemos o no.—Oswald Chambers en The Servant as His Lord (El siervo como su Señor)

 

©2004 Daniel York ARRReveration es el ministerio devocional de cada semana de First Cause. Si quisiera recibir las devociones, haga clic al botón arriba “recibir.” Será libre de reproducir y distribuir las devociones como quisiera con tal de que incluya esta noticia de los derechos de copyright.

 

Salmos 40:3 Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios.Verán esto muchos, y temerán, y confiarán en Jehová.