Con lazos de amor

MEDITACIÓN EN OSEAS 11:3,4

Oseas 11:3,4—Yo fui quien enseñó a caminar a Efraín; yo fui quien lo tomó de la mano. Pero él no quiso reconocer que era yo quien lo sanaba. Lo atraje con cuerdas de ternura, lo atraje con lazos de amor. Le quité de la cerviz el yugo, y con ternura me acerqué para alimentarlo.

Juan y Ana encontraron a una pequeña huérfana pelirroja, Lo-ruhamah, malnutrida y maltratada. Ellos la llevaron a su hogar, la adoptaron y la criaron con gran sabiduría y compasión. Ana la vestía con vestidos amarillos, el color favorito de Loru. La cuidaba hasta sanar cuando se enfermaba. Cuando los chicos en la escuela se burlaban de ella, Juan tiernamente la abrazaba, le hacía canciones felices y consolaba su herido corazón. Loru sabía lo que significaba estar segura, ser bendecida con provisiones y recibir una excelente educación.

Tristemente, cuando Loru se convirtió en adulta, constantemente tomó malas decisiones. A pesar de todo, sus padres la rescataron de la pobreza y continuaron ayudándola. Hasta que un día ella les dijo que estaba harta de su interferencia y que no los amaba más. Ella prefería entregarle todo su afecto y lealtad a las muñecas que había hecho con sus propias manos porque éstas le daban sentido y dirección. Ella les pidió a su madre y padre que se alejaran y la dejaran en paz.

Juan y Ana experimentaron una profunda confusión, tristeza, ira y rechazo. Un dolor de la peor dimensión atravesó sus cuerpos. Quietamente se hicieron a un lado en las subsiguientes décadas mientras Loru cosechaba las consecuencias de su necia vida. Ellos la vieron chocar, fallar, renunciar, culpar, condenar, mentir, robar y deshonrar su propio cuerpo con una maldad impronunciable. Sin embargo cuando ella volvió en sí y les rogó su ayuda, ellos regresaron y amorosamente la bendijeron.

Puede parecer ridículo que una mujer adore muñecas, pero ¿acaso no es cierto que si observamos de cerca encontraremos a personas adorando las cosas más absurdas? Y aunque esta historia es ficticia, de alguna manera describe lo que elocuentemente Dios le recordó a Oseas acerca de Su amor por la rebelde Israel.

He visto a hijos atados a cuerdas elásticas que sus padres usaron para guiarlos y protegerlos de ser dañados. De igual forma en la meditación de arriba, Dios le recordó a Israel de Sus lazos de amor. Con amor Él los guió fuera de Egipto, a través de tierras desoladas, y dentro de la Tierra Prometida. Cuando las naciones extranjeras la conquistaron y forzaron a una esclavitud impronunciable, fue Dios quien poderosamente los rescató como un granjero que le arranca el pesado yugo a una vaca cansada de arar.

El libro de Oseas muestra cuán lejos llegaría Dios por amor a Su pueblo y lo deja entrever en 11:1 con la venida del Mesías. Dios prometió, “Yo corregiré su rebeldía y los amaré de pura gracia, porque mi ira contra ellos se ha calmado” (14:4). ¡Él sabía que siglos después los hombres clavarían a Su Hijo en una cruz! La expresión celestial “con lazos de amor” fue atada en muerte. Uno pensaría que el asesinato sería la gota que derramó el vaso para la raza humana. En su lugar fue la cuerda divina extendida más allá de la muerte que nos lleva al hogar. San Juan Crisóstomo dijo, “En la cruz conocemos la gravedad del pecado y la grandeza del amor de Dios para con los hombres.”

INSPIRACIÓN DE CORRIE TEN BOOM

No hay hoyo tan grande, que el amor de Dios no haya penetrado.—Corrie ten Boom

 

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