Perequito y Apotheo

Había una vez dos muchachos, Apotheo y Popinjay, que vivían en un pueblito a pie de una montaña muy grande. Un día mientras los dos, que tenían 10 años, pescaban en un arroyo azul, un coche grande llegó y paró cerca de ellos. Salió un hombre que les acercó.

—¿Pescaron algo hoy? les preguntó.

—No, djio Popinjay.

—¿Le gustaría tratarlo? Apotheo le preguntó.

—Claro que sí, le contestó. Entonces el joven le ofreció su caña de pesca.

Después de capturar dos peces más grandes que jamás habían visto los muchachos, el hombre les agradeció y dijo que tenía que salir. Les dijo que era un gran rey poderoso y que buscaba a las personas en el reino que le amaría y que le serviría lealmente. Los muchachos, sintiendo una oportunidad rara, le dijeron que ellos lo harían. Encantado por el espíritu de los dos jóvenes, caminó a su coche, tendió la mano adentro y sacó una jaula cubierta de una linda tela morada. Al quitar la tela, reveló un loro con ojos brillantes.

El rey les dijo —Muchachos, les dejo a mi amigo especial. Les enseñará acerca de mí y acerca de una vida llena si fielmente le aman. Al terminar tres años, necesitan soltarlo. Volará hasta encontrarme a mí y me dirá si Uds. sean seguidores leales. Si son, pues les recompensaré ricamente. Entonces tan rápido como apareció al principio, desapareció.

Entusiasmados, los muchachos corrieron a su pueblo y les dijeron a sus padres lo que dijo el rey. Les mostraron el loro y los dos peces grandes. Pero se les ocurrió una pregunta de cuál de los dos muchachos iba a cuidar al loro. Amablemente, Apotheo dejó que su amigo Popinjay llevara la jaula y el loro a su casa.

Un mes después Popinjay y Apotheo se reunieron para pescar. Popinjay dijo —Apotheo, quiero que tú cuides ese loro ridículo. La única cosa que hace es sentarse y mirarme. Nunca canta. Le dije que tenía mucha suerte vivir en mi cuarto y le avisé que si no me ayudara, abriré la jaula y lo presentaré a mi gato. Sólo me mira fijamente. Estoy ocupado. No tengo tiempo para perder con ese pájaro soso. No creo que el hombre supiera lo que decía. No creo que fuera rey.

Felizmente Apotheo llevó el loro a su casa. Con la ayuda de su padre, construyó un pedestal bonito de roble para la jaula. Cada día al amanecer, buscaba gusanos para dar al loro. Después, se sentaba y le cantaba sus canciones favoritas. Lo tomó afuera y paseó con él. Cuidadosamente lo cuidó. Al terminar seis meses, el loro pasó mucho tiempo en el hombro de Apotheo. La mayoría de los villanos se lo rieron por pasar tanto tiempo con un loro mudo. El no les hizo caso. Se acordó de las palabras del extranjero y le amaba el loro.

Una mañana mientras preparaba para salir a buscar los gusanos, oyó una voz dulce que le dijo —Te agradezco mucho por tu amabilidad que me has mostrado. Esto le sorprendió tanto que se le escapó una lágrima de sus ojos y le respondió —¡Oh, loro, en realidad hablas!

—Claro que sí, y contigo lo hago con mucho gusto.

De ese día en adelante, cuando Apotheo y los otros que le respetaban al loro estaban con él, les enseñaba acerca de la vida y de su Dueño. En frente de todos los otros el loro se quedó mudo. Al llegar los tres años, el loro era el amigo mejor de Apotheo. Pero, Apotheo recordó el mandato del extranjero; que tenía que soltar al loro. Entonces, tristemente, lo soltó. Le agradeció al muchacho otra vez y se fue volando del joven que estaba seguro que nunca lo vería jamás.

Tres días solitarios pasaron antes que Apotheo y Popinjay decidieron otra vez ir a pescar. Mientras Apotheo le hablaba de su loro increíble, llegó un coche. El rey bajó del coche. Al instante, Apotheo se inclinó con gran respeto ante el Rey. Popinjay, llenaba con un terror extraño, quedó helado sin poder reconocer el dueño del loro. El rey acercó a Apotheo y le puso un manto fino y le invitó entrar el coche. Salieron dejando a Popinjay muy desconcertado.

Meditación

2 Pedro 1:3,4—Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrpución que hay en el mundo a causa de la concupiscencia.

©2002 Daniel York ARR.  Reveration es el ministerio devocional de cada semana de First Cause. Si quisiera recibir las devociones, envíe su nombre y su dirección del correo electrónico (email) a: español@firstcause.orgy se lo añadirá en la lista de distribución. También visite nuestro sitio de la Red http://www.firstcause.org. Será libre de reproducir y distribuir las devociones como quisiera con tal de que incluya esta noticia de los derechos de copyright.

 

Salmos 40:3 Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios. Verán esto muchos, y temerán, y confiarán en Jehová.