El corazón está donde está el hogar (Fawn Stephens)

Estamos en California para pasar los últimos días de vida de mi suegro. De hecho todavía no ha sido promovido al cielo pero le han dado solo unas semanas de vida. Mi esposo está cuidando de él hasta que Jesús lo lleve a Su hogar, o sea sanado aquí en la tierra – lo primero que suceda. Llegamos de Nueva York, a donde recientemente nos habíamos mudado de Oregon, en nuestro camino a Suiza y luego a Indonesia.

¿Mareado? Yo también

Siempre me ha encantado viajar – nunca me he sentido mal con los viajes de ida y venida. De hecho tengo una extraña afinidad con los aeropuertos y los hoteles. Aún los autos rentados son emocionantes para mí. Raro, lo sé. Pero, esa soy yo.

Nuestra familia ha estado mudándose en los últimos tres años. Hasta hemos vivido en una casa rodante durante un par de estos años así que podíamos llevar nuestro ‘hogar’ con nosotros. Hemos volado en el avión de un amigo ida y vuelta, y manejado todo tipo de transporte público imaginable mientras nos quedábamos en todas las cadenas principales de hoteles.

Solo este año hemos dormido en 35 hogares diferentes (adicionalmente a los hoteles). No me malinterpreten – ha sido maravilloso. El cuerpo de Cristo es verdaderamente una cosa milagrosa, la forma en que el Espíritu Santo nos une y provee relaciones instantáneas. Nuestra familia aquí en los Estados Unidos se ha triplicado.

En la medianoche de un martes en California, todo ese viaje me alcanzó. Exhausta, y mentalmente agotada, me quedé en mis pijamas mirando un confortable con cobertor de lunares. Era la tercera noche en el hogar de personas que acababa de conocer – maravillosas, gente amorosa experta en hacer que los recién llegados se sientan en casa. Pero, cuando intenté ir a la cama, no pude recordar cuál era mi lado.

Como no podía recordar dónde había dormido las dos noches anteriores, pensé, “Bueno, ¿de qué lado duermo cuando estoy en mi hogar?” Hogar… hogar… ¿dónde está mi hogar? Cuando no pude recordar dónde vivimos, supe que había un problema. Se supones que debes ser capaz de recordar dónde vives ¿no? Después de hacer un poco de memoria, pude finalmente pensar en cómo se ve nuestro hogar actual y qué lado de la cama debía ser el mío.

Sintiéndome bastante mareada después de todo eso, cayó una pequeña lágrima y oré, “Señor, sé Tú lo que sea que necesito ahora. Ni siquiera estoy segura de lo que es… pero, por favor ten compasión de mí y sostenme firme. Siento como si estuviera flotando, sin hogar.”

Luego rápidamente me quedé dormida.

Al siguiente día, Dios me tuvo compasión y me recordó en Su Palabra cuánto Él me ama cuando me llevó directamente a Juan 14:23.

Le contestó Jesús: El que me ama, obedecerá mi palabra, y mi Padre lo amará, y haremos nuestra viviendo en él.

Jesús en mí es mi hogar. Dios viviendo en mi corazón es mi hogar. Esto significa que puedo llevar mi hogar dondequiera que vaya. No siquiera tengo que engancharlo como la casa rodante. Con esta perspectiva ligeramente diferente, tengo paz de saber que mi hogar es dondequiera que estoy, porque donde yo estoy, mi Padre, mi Salvador, y mi Ayudador están allí conmigo.

[Esto me recuerda un artículo que hace bastante tiempo una esposa misionera de Helimission me dio llamado “The Irony of the Snail” (“La ironía del caracol”).

 

 

©2014 Fawn Stephens ARR. Reveracción es el devocional semanal de First Cause. Si quieres recibir estos devocionales envía tu nombre y correo electrónico a dan@firstcause.org y pide ser incluido en la lista de distribución. Permiso para copiar este devocional ilimitadamente sin alterar el texto o beneficiarse económicamente con la única condición de incluir este permiso.

Eclesiastés 12:10 – El Maestro se esmeró por encontrar las palabras correctas para expresar las verdades con claridad. (NTV)

La vida es corta (Fawn Stephens)

Una de las bondades de vivir temporalmente en otra parte del país es ver la historia a través de diferentes ojos. Al norte de Nueva York, como en el resto del este de USA, los cementerios son muy diferentes a los de ‘nuestro oeste’. Nunca me he detenido a leer mucho sobre cementerios pero aquí, es bastante interesante. Hay algo nostálgico al contemplar a alguien que vivió en el 1700 o 1800; un soldado que murió en alguna revolución americana o alguna mujer casada que murió a los 17 de sarampión.

Hace unas semanas, mientras caminaba por un cementerio justo frente a nuestro departamento, me llamó la atención una lápida en particular, y desde allí no ha salido de mi mente. Estaba fechada por los 1780 y le faltaban decoración y una descripción detallada, señales claras de riqueza y notoriedad.

En su lugar, era interesante porque se estaba cayendo, partida por la mitad, haciéndose parte de la tierra.

Desencadenó preguntas en mi mente: ¿Quién era la persona a la que pertenecía esta tumba? ¿Alguien todavía la recordaba? ¿Sabía quién fue él o ella? ¿Qué pasó en la vida de esta persona? ¿Cómo murió?

Primero, me puso triste. Pensar en vivir en esta tierra, y luego después de algunas generaciones, ser olvidado. Este es un pensamiento aleccionador—de hecho uno depresivo. Billones de personas han ido y venido, y muy pocos son recordados más allá de su propia generación.

También me hizo pensar en mi Creador, y me pregunté que ‘perspectiva eterna’ podría obtener de esto. Tres pensamientos han venido a mi mente que son separados, pero se relacionan:

  1. El hombre es como la Niebla

¿Por qué, sabes lo que sucederá mañana? ¿Qué es tu vida? Eres como la niebla que aparece por un poco de tiempo y luego se desvanece.

Santiago 4:14

Es bueno recordar que mi vida aquí es temporal. La vida cobra un nuevo sentido cuando me doy cuenta de que no se trata de mí y de mis planes. Estoy aquí en la tierra por un corto tiempo, para un propósito diferente. Es motivador el darse cuenta de que tengo algo que hacer—¡que soy parte de un gran plan!

  1. La vida es un absurdo

Eclesiastés 1:14

Espera. ¿Qué? Esto suena extraño. Algo que no debería estar en la Biblia ¿no es así?

Excepto que lo que Salomón estaba queriendo decir es que la vida es absurda si está apartada del Creador de la Vida. Es como un artista creando una obra maestra, para luego colocarla para siempre en el garaje. Sin sentido público, no hay propósito comunitario.

Nuevamente, es motivador saber que lo opuesto es verdad – con Dios, ¡hay un gran propósito! Él tiene planes para mí. El resto solo es relleno.

  1. Dios me conoce

Como las personas representadas en esas tumbas, en 200 años, nadie sabrá quién soy. Quizás lean mi nombre en una lápida en algún lugar, pero no sabrán cómo viví mi vida o cuáles fueron mis cosas favoritas. Ellos no me conocerán.

Pero mi Creador sí.

Él me ha dado la oportunidad, a la cual me he aferrado con todo mi corazón, por medio de Jesucristo de tener una relación viva con Él – por ahora, y para siempre. Él conoce las luchas que tengo en este momento; y en 1,000 años, todavía me conocerá por completo, así como yo lo conoceré a Él.

Es suficiente motivación hoy saber que aunque la vida es realmente corta, y dura, Él tiene la suficiente gracia para darme un propósito y que me ama lo suficiente como para ser mi amigo—para crear el camino y conocerme íntimamente a través del proceso de la vida en este planeta.

Espero que la persona cuya tumba se ve derrumbada y olvidada está con Jesús en el cielo, y no le importa si es recordado en la tierra o no. Yo sé que un día a mí no me importará. ¿Y a ti?

Señor, tú me examinas,
tú me conoces.
Tu protección me envuelve por completo;
me cubres con la palma de tu mano.
Conocimiento tan maravilloso rebasa mi comprensión;
tan sublime es que no puedo entenderlo.

Si me elevara sobre las alas del alba,
o me estableciera en los extremos del mar,
aun allí tu mano me guiaría,
¡me sostendría tu mano derecha!

Salmo 139:1,5-6,9-10

©2014 Fawn Stephens ARR. Reveracción es el devocional semanal de First Cause. Si quieres recibir estos devocionales envía tu nombre y correo electrónico a dan@firstcause.org y pide ser incluido en la lista de distribución. Permiso para copiar este devocional ilimitadamente sin alterar el texto o beneficiarse económicamente con la única condición de incluir este permiso.

Eclesiastés 12:10 – El Maestro se esmeró por encontrar las palabras correctas para expresar las verdades con claridad. (NTV)

Aceptando el otoño (Fawn Stephens)

MEDITACIÓN EN JOEL 2:23

Joel 2:23—Alégrense, hijos de Sión, regocíjense en el Señor su Dios, que a su tiempo les dará las lluvias de otoño. Les enviará la lluvia, la de otoño y la de primavera, como en tiempos pasados.

Otra vez es ese tiempo. La temporada-de-entre-temporadas, los días en la conjunción del verano con el otoño. No es ni lo uno ni lo otro, pero tiene de ambos. El clima empieza a cambiar, y por primera vez en mi vida yo estoy esperando los ‘colores del otoño’ al norte de Nueva York. La luz solar luce un poco diferente, más dorada, y cada cierto tiempo la brisa lleva consigo una nueva sensación; fresca y con olor a tierra. Sin embargo, los días aún son lo suficientemente cálidos como para usar polos. Los niños están de regreso en las escuelas (¡yo también!) pero cuando regresan a casa, se ponen shorts y corren a los columpios para disfrutar los que parecieran ser los últimos minutos de un verano que se desvanece.

El otro día le dije a mi esposo que ya van varios años que tengo “problemas” con la estación de otoño.

“¿Problemas?” me respondió. “¿Cómo cuáles?”

Le dije que siempre siento que estoy en desventaja, o que me he perdido (o estoy perdiendo) momentos preciosos; como si el tiempo se pasara muy rápido. Mis pensamientos me dicen que no he hecho un buen trabajo en crear recuerdos memorables en la vida de mi familia, y sin esos recuerdos, es como si el tiempo de alguna manera careciese de valor. Durante el verano las cosas son simplemente más despreocupadas; las alegrías de la vida se dan más fácilmente, sin las preocupaciones del tiempo. El otoño trae consigo recordatorios visuales de que la ‘despreocupación’ está finalizando. Las hojas cayendo junto a las noches frías y los horarios de clases son crueles recordatorios de que la vida tiene temporadas con menos espacio para una vida lánguida. Es mejor adaptarse.

Analizar esto me hace pensar en otro tipo de problemas, como el de la caída humana, la caída de la perfección—por despreocupados. Este otoño me recuerda cuando todo lo que apesta en esta vida aparece, mi pecado, junto a la condenación que lo acompaña – sentirse inadecuado, abrumado, detrás, y no lo suficientemente bueno.

De alguna manera estos dos “problemas” estás conectados en mi cabeza.

La mayor distracción que tengo es no sentirme lo suficientemente buena. Quizás tú también. Cada día, mis ojos se enfocan en mí misma. No de la manera “miren que grandiosa soy”, ni siquiera con el “debo tener esto para ser feliz” sino tratando de obtener aprobación – tu aprobación, mi aprobación, y por sobre todo, la aprobación de Dios. Así que, en lugar de ser capaz de apreciar la belleza de la hermosa temporada a mí alrededor, estoy deseando que no venga, para que no me recuerde mis imperfecciones, mis fallas. En lugar de recordar que la gracia de Dios me cubre totalmente y que soy completa y hermosa para Él, estoy deseando poder ser una mejor cristiana para no recordar lo que me falta.

La única manera de que el (problema) no me abrume con la idea de que no soy suficiente es aceptando el otoño. Mirarlo tal como es – una estación que nos recuerda que aún en la muerte, Él trae belleza. Descansando en la idea de que ya tengo la aprobación de Dios, puedo dejar de intentar que sucedan cosas, y disfrutar lo que ya está aquí. Sabiendo que lo mejor está aún por venir, hoy, voy a ver las hojas caer y le daré gracias a Dios por Su plan de redención. Le voy a agradecer porque de alguna manera trae vida de la muerte. Tal y como asoma la vida justo detrás de las hojas muertas que van cayendo.

Deja de desear ser suficiente. Si conoces a Su Hijo, Jesús, en Sus ojos, tú ya lo eres.

INSPIRACIÓN DE GRAHAM COOKE

La gracia es esa presencia poderosa de Dios que te permite ser lo que Él ve cuando te mira.-Graham Cooke

 

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